Su corte de pelo me impactó, pero Dios usó ese mohicano para hacer reír a un asilo de ancianos y para abrirme los ojos a su plan más grande.
Su corte de pelo me impactó, pero Dios usó ese mohicano para hacer reír a un asilo de ancianos y para abrirme los ojos a su plan más grande.
No vi las señales. Mis hijos estaban enfermos y yo estaba demasiado concentrado en la Torre Eiffel como para darme cuenta. Jesús vio el sufrimiento. ¿Lo vemos nosotros?
¿En medio de circunstancias difíciles? ¿Por qué no regocijarnos en ellas? ¿Y por qué no? ¡Dios es un Dios de misericordia y gracia!
A veces llevamos neveras espirituales pesadas pero vacías. La verdadera fe no se trata de rutina, sino de conocer a Jesús personalmente.
El cambio es parte de la vida y de la fe. Jesús no vino a corregir viejas costumbres, sino a traer nueva vida por medio de la gracia. Dejemos de aferrarnos a la tradición y sigámoslo.
Un viaje familiar a Europa, una flor inesperada en una ensalada y una lección sobre cómo abrazar toda la Palabra de Dios, ¡incluso las partes que preferiríamos dejar de lado!
Un lago helado puso a prueba mi valentía, pero Jesús enfrentó la muerte con determinación. No se echó atrás. Porque él sobrevivió, podemos vivir con paz y propósito.