Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, reprender, corregir e instruir en justicia
(2 Timoteo 3:16 NVI).
Una anécdota divertida cuenta la historia de un amigo de los novios que no pudo asistir a la boda. Queriendo expresar su cariño y felicitaciones, envió una tarjeta con una referencia bíblica destinada a bendecir a la pareja: 1 Juan 4:18: «En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor».
Lamentablemente, por error se omitió el número «1». Así que, cuando el padrino se levantó para leer la tarjeta en voz alta durante la recepción, buscó con confianza el pasaje de Juan 4:18 y leyó: «Porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido».
Esa historia nos recuerda que el contexto importa, especialmente cuando se trata de las Escrituras. Incluso las palabras correctas, si se usan de manera inadecuada, pueden perder su poder o causar un daño no intencionado. La Biblia no es una colección de frases mágicas que se sacan a relucir por conveniencia; es la Palabra viva de Dios, destinada a ser leída, comprendida y aplicada con cuidado.
El mismo Satanás citó las Escrituras cuando tentó a Jesús en el desierto (véase Mateo 4:1–11). Conocía las palabras, pero tergiversó su significado para adaptarlo a sus propósitos. Jesús, firme en la verdad y en el contexto, respondió con la Palabra correctamente entendida. Su ejemplo nos enseña que conocer las Escrituras no es suficiente; también debemos comprenderlas.
Pablo nos recuerda que «toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, reprender, corregir e instruir en justicia» (2 Timoteo 3:16). Cuando se maneja adecuadamente, la Biblia se convierte en nuestra mejor herramienta para el crecimiento, la sabiduría y el discernimiento. Aporta sanidad, guía y fortaleza. Pero, cuando se saca de contexto, la Escritura puede llevar a error, confundir o utilizarse para justificar equivocaciones.
La Palabra de Dios es poderosa y hermosa, pero debe manejarse con humildad y cuidado. Que hoy te tomes el tiempo de escuchar mientras Dios habla a través de su Palabra; de leer no solo con los ojos, sino con el corazón, mientras buscas el verdadero entendimiento.
Oración: Padre, gracias por darnos tu Palabra como fuente de verdad y vida. Enséñanos a leerla con atención, a ablarla con sabiduría y a vivirla con fidelidad. Ayúdanos a usar las Escrituras no para ganar discusiones, sino para llevar tu amor y tu luz a cada situación. En el nombre de Jesús, amén.
Alan Smith
Reproducido con permiso de la sección «Pensamiento del día» de Alan Smith
Traducción al español: Pascal Lambert
