Y en él también ustedes, cuando oyeron la palabra de verdad, el evangelio de su salvación, y creyeron en él, fueron sellados con el Espíritu Santo prometido, que es la garantía de nuestra herencia hasta la redención de los que pertenecen a Dios, para alabanza de su gloria.
(Efesios 1:13-14 NVI)
Al matricularme en un curso profesional de peluquería canina, tuve que comprar mi propio juego de herramientas y un estuche adecuado. Después de comprar todo el equipo necesario y etiquetar mi caja de herramientas, también me indicaron que todas mis herramientas debían llevar mi propia marca distintiva. Esto permitía que cada estudiante identificara sus propias herramientas, evitando así confusiones al trabajar juntos.
Marcar estos instrumentos de acero macizo no fue tarea fácil. Afortunadamente, un amigo mío tenía el equipo adecuado para hacer un pequeño corte en forma de V en el costado de cada una de mis cuchillas, tijeras, peines metálicos y cortadoras. Una vez hecho esto, mis herramientas nunca se confundirían con las de nadie más. Nadie podría quitármelas de la mano ni del estuche y reclamarlas como suyas.
De la misma manera, Dios les dice a sus elegidos que nosotros también estamos sellados con su propia marca: la del Espíritu Santo que habita en todos los que llegan a conocer a Cristo Jesús como Señor y Salvador. El Espíritu Santo, a su vez, continúa marcándonos como instrumentos de Dios para la gloria de su Reino, a través de los frutos del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio, que muestran al mundo entero a quién pertenecemos. Romanos 8:35 nos asegura que nada puede separarnos de Cristo: ni la tribulación, ni la angustia, ni la persecución, ni el hambre, ni la desnudez, ni el peligro, ni la espada; mientras que en Juan 10:28, Jesús afirma que nadie puede arrebatar a los creyentes de la mano de su Padre. El Padre nos conoce. Nos ha marcado como suyos, ahora y para siempre. ¡Qué verdad y seguridad tan maravillosas, que nos permiten descansar en Aquel en quien hemos creído, el Salvador de nuestras almas, quien es capaz de guardar lo que le hemos encomendado para la eternidad (Véase 2 Timoteo 1:12)!
Oración: Padre Dios, gracias porque nosotros, tus hijos, estamos marcados con el sello de tu Espíritu Santo, que es la garantía de nuestra herencia hasta la redención de aquellos que son posesión de Dios, para alabanza de tu gloria, ahora y para siempre. Amén.
Lynne Phipps
Tawatinaw, Alberta, Canadá
Traducido al español por Pascal Lambert
